POLÍTICA, MARKETING, COMUNICACIÓN Y MÉTODOS APLICADOS

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lunes 9 de noviembre de 2009

RECLUTAMIENTO DE LAS MAFIAS MEXICANAS


EL RECLUTAMIENTO DE LAS MAFIAS MEXICANAS
Por Baltasar Hernández Gómez

Mafia y Estado.

El dato en sí mismo es espeluznante: más de 573 servidores públicos de los tres niveles de gobierno han sido detenidos durante la primera mitad del actual sexenio. Dicha cifra es subproducto de la denominada guerra contra el crimen organizado, que ha puesto de cabeza al establishment mexicano, en virtud de la colaboración directa de mujeres y hombres que ocupan cargos con las mafias del país. Los cárteles de Tijuana, Juárez, Michoacán, Sinaloa y Golfo son los que han cooptado al mayor número de mandos medios y ejecutivos del gobierno para llevar a cabo estrategias de consolidación y ampliación territorial. La cantidad de adherentes descubiertos no es invento de analistas o comunicadores, sino una información proporcionada por la PGR, lo cual es punta del iceberg de la intrincada red de contubernios para la protección de actividades ilícitas, a lo largo y ancho de la geografía nacional.

La mayoría de los casos presentados tienen vinculación con dependencias de seguridad e inteligencia, pero esto no obsta para que existan muchísimos más en ámbitos sociales y políticos. Nadie tiene plena seguridad para afirmar que las mafias penetraron solamente en los círculos de las fuerzas armadas, SSPF, PGR, Interpol, Gobernación, Cisen, policías estatales o municipales, pues sus largos tentáculos dominan un espectro multifórmico, que lo mismo pueden captar intelectuales, empresarios, periodistas, artistas, que políticos, legisladores o empleados adscritos a desarrollo urbano, social, obras públicas, contraloría, ministerios públicos, entre otras dependencias.

En su más reciente entrega discográfica el grupo “Los Tigres del Norte” hace una parodia sobre la situación prevaleciente en el país, a través de la producción audio-musical titulada “La Granja”, mediante la cual exhiben componendas entre autoridades y miembros de los cárteles, teniendo en medio a la sociedad. El terror a que las masas tengan una referencia directa a estas tramas de complicidad ha hecho que el aparato burocrático del Estado aplique censura, tomando prestada la voz de inversionistas del mundo del espectáculo, que contrataron al grupo y que no están permitiendo la presentación de dicha trova norteña. No es lo mismo hablar en corto a que la vox populi entone una canción a los cuatro vientos, poniendo en la cima de la corrupción y el descaro la labor de los gobiernos que soltaron a “la perra”, para que cometa -a diestra y siniestra-las peores transgresiones a la paz de México. Lo único verídico es que el grupo va a vender más boletos y discos compactos y la gente tarareará esta canción.

La guerra fallida.
Para muchos especialistas en narcotráfico el tamaño y frecuencia de las detenciones, redadas, decomisos y enfrentamientos no son iguales para las distintas mafias, por lo que hay sospechas de que en distintos estratos gubernamentales existe asistencia franca al cártel de Sinaloa, situación que es exteriorizada por los clanes rivales, a través de anuncios en carreteras, puentes peatonales, bardas y ejecutados. Los mensajes denuncian el favoritismo gubernamental que brinda protección al cártel de Joaquín Guzmán Loera y aliados. Sólo basta asomarse a las estadísticas anti-narco: los operativos contra los cárteles de Tijuana, el Golfo y “la familia michoacana” causan muchos arrestos y decomisos (oficialmente ha habido 50 mil detenciones de personas relacionadas con el “Narco”), mientras que las acciones emprendidas contra el de Sinaloa rara vez son exitosas, de acuerdo a información proporcionada por el agente especial de la AFI, Oscar Granados.

En este aquelarre colaboracionista la figura del titular de Seguridad Pública Federal, Genaro García Luna, emerge como presumible hacedor de confabulaciones y proteccionismo, ya sea por aceptación-negociación, presión u omisión, lo que hace suponer infiltraciones en todas las esferas del quehacer público, donde lo mismo puede intervenir un secretario, director de área, presidente municipal o legislador, que un agente policiaco de crucero.

A pesar de la enorme lista de imputaciones, el presidente Felipe Calderón ha defendido a capa y espada a esta pieza clave del gabinete de seguridad y la guerra continua sin saldos positivos para su gobierno y mucho menos para el país, pues los gastos en equipo, armas, municiones, aparatos de comunicación, vehículos, informantes, etc. son más grandes que lo obtenido en el aseguramiento de propiedades, vehículos, drogas, dinero y mercancía ilegal. Con base al estudio realizado a policías estatales y municipales, más de la mitad (28 mil elementos) no son aptos para desempeñar sus funciones, sin embargo, este análisis no ha sido aplicado para agentes federales o miembros del Ejército y la Marina, dejando en el imaginario colectivo una serie de suspicacias difíciles de explicar.

Tan grande es el terror societal predominante que los ciudadanos ya no saben si recurrir a la policía, hacerse de la vista gorda o tomar un papel más activo para no verse involucrados en escenarios donde esté en peligro su integridad física y/o patrimonial. Por más operativos transmitidos por los medios de comunicación, los mexicanos desconfían de sus autoridades, que están absortas en propagar la detención diaria de capos de todos los calibres, pero que en nada redunda en su bienestar y tranquilidad inmediata.

La guerra parece estar perdida para el presidente Calderón Hinojosa, pues en lugar de tener la certeza de ir por la senda del crecimiento y la estabilidad sólo se perciben efectos funestos: intranquilidad extrema, asesinatos cada vez más infrahumanos, gasto oneroso en la táctica anti-narco y la tangibilidad de no sentir a México como nuestro. Se aprecia un maremágnum de recursos materiales, humanos, financieros y técnicos destinados a las tareas de la seguridad pública, mientras que en educación, salud, vivienda y programas productivos sólo hay presupuestos reducidos y cada vez más a la baja.

La crisis económica se convierte también en moral, aumentando la desazón y poniendo en estado alterado a millones de mexicanos que todavía no deciden si es mejor continuar apoyando la guerra calderonista o de plano dejar a “las leyes del mercado” las actividades que controla el crimen organizado. El recuento de los daños es nocivo para todos, quedando la sensación de que habrá un recrudecimiento de la inseguridad.

El despliegue de personal gubernamental es enorme, toda vez que se destinan, de manera permanente a más de 60 mil efectivos para las tareas de combate al narcotráfico, situación que distrae capacidad de maniobra para otros menesteres, así como un cúmulo de dinero y esfuerzos. Si tal condición se incluyera en una matriz costo/beneficio esta labor sería catalogada como no sustentable y, por tanto, inviable. Del otro lado, las mafias cuentan con una amplia y muy variada capacidad de reclutamiento, ya sea por transacción económica, poder y prestigio, o bien, presión e intimidación.

Desde el año 2000 el crimen organizado ha perfeccionado sus estructuras organizacionales y productivas, tácticas logísticas y manejo financiero por lo que se dieron a la tarea de incrementar el número de contactos y colaboradores, para facilitar la eficacia de sus operaciones. Los sueldos y canonjías que otorga el “narco” a su personal es un atractivo irresistible para militares de tropa, oficiales, policías, burócratas, políticos, diputados, senadores, jueces, diplomáticos y miembros del gabinete, que piensan que la transmisión de información, facilitamiento de rutas, agilización de procedimientos, permisos, tráfico de influencias, desvío de operativos es un trabajo complementario que les reditúa dividendos extras.

El reclutamiento de las mafias.
Desde generales de división, oficiales y jefes militares o policiacos hasta agentes del orden municipal, estudiantes, empleados, civiles (niños, jóvenes, mujeres, indígenas) etc. quedan atrapados en la telaraña de las mafias y son piezas que –entretejidas- acrecientan su penetración en la vida económica, social y política. El crimen organizado no es una reunión improvisada de familias o bandas, sino empresas perfectamente constituidas, que tienen como misión la ganancia en todos los movimientos lícitos e ilícitos donde haya oportunidades de enriquecimiento. Así pues las ejecuciones, venta de estupefacientes y mercancía pirata es la punta de una madeja tan abultada que toca asignaturas bursátiles-bancarias, comerciales, de inteligencia o seguridad nacional. Los asesinatos no son cuestiones personales, sino una demostración de fuerza, que avisa a los enemigos que no se deben introducir a territorios ocupados.

La advertencia del asesor de la ONU, Edgardo Buscaglia, es clara: “el poderío de las mafias en México puede hacer que el control social del Estado se pierda en el corto plazo corto”, ya que se está enfrentando a grupos bien organizados que se atrincheran bajo plataformas empresariales, políticas, administrativas y de beneficencia pública, las cuales no son auditadas o intervenidas. Los disfraces del “Narco” son empresas, instituciones públicas y privadas, así como mujeres y hombres que aparecen no sólo en las páginas policiacas o de la revista Alarma, sino en publicaciones del jet set y gente famosa. Los actuales capos y personal intermedio no son los mismos que quedaron retratados en los relatos de Al Capone, Salvador “Lucky” Luciano, Joseph Bonano o Vito Corleone en la obra El Padrino de Mario Puzo, pues su fisonomía, filosofía y técnicas han cambiado 180 grados: muchos son egresados de universidades famosas en EUA y Europa, visten elegantemente, socializan con la “high society” y ven a la mafia como un corporativo al que hay que hacerlo crecer.

Atrás de muchos negocios mercantiles, bursátiles, industriales y de servicios están empresarios, funcionarios, presidentes municipales, gobernadores y policías que colaboran con las mafias. Es fácil pensar u oír “ése es narco, capo o jefe de jefes” porque el inventario oficial visible de cabecillas es una pantalla distractora que esconde a los verdaderos consejos directivos de las mafias. La verdad es que las organizaciones delictuosas están apostándole a la desintegración política, pues mientras más dividido y debilitado esté el Estado mexicano, a través de la captura de unidades de poderes municipales, estatales y federales, mayor será su capacidad financiera, política y de contacto social. Si esto sucediera estaríamos hablando de un Estado fallido, lo que provocaría el colapso de la gobernabilidad.

El canto de las sirenas es sumamente atractivo para cualquier miembro de la sociedad civil o política, porque el dinero, prestigio y poder de intimidación representan los códigos de acceso para el disfrute de una vida cómoda que, de otro modo, sería imposible tener. Las deserciones y contubernios en las fuerzas armadas, policías ministeriales, agentes de la PGR, burócratas y funcionarios son pruebas fehacientes de que el “Narco” funciona y funciona bien, sobre todo en tiempos de cólera y crisis. Si por una prenda de ropa o comida los pederastas atrapan en sus garras a cientos de niños y jóvenes, por un fajo de dinero los narcos hacen lo mismo con cualquier persona que tenga necesidad de sobrevivir o vivir mejor. Así de cruda esta la realidad.

La otra mafia: los aparatos político-administrativos del Estado.
Oímos hablar de las mafias del narcotráfico, tirando al olvido que las formas organizacionales de estas corporaciones delictivas funcionan también en los tres poderes de la Unión. La selección y reclutamiento de los cuadros directivos, administrativos y operativos se lleva a cabo por cercanía familiar, amistad, intermediación-recomendación, comunión de intereses, arreglos económicos, pertenencia a partidos u organizaciones políticas, complicidades, entre otras variables; lo cual hace que predomine la discrecionalidad y el silencio.

Las vísceras del Estado mexicano están compuestas por órganos cuasi herméticos que subsisten gracias a las componendas y concertacesiones de jefes y subalternos.
Las mafias concentradas en la partidocracia, organigramas gubernamentales, poderes Legislativo y Judicial y cofradías institucionales como son las fuerzas del orden público y militares esconden un tejido de confabulaciones donde el objetivo es acumular controles políticos, recursos financieros y manejo social. El motor que sostiene su funcionamiento es la aplicación de procedimientos turbios para aprobar créditos, trámites administrativos, repartición de plazas, selección de candidatos a cargos de elección popular, permisos para enriquecimientos inexplicables y concesiones, es decir, toma cuerpo la máxima liberal “dejar hacer, dejar pasar”.

Que los aparatos del Estado se sitúen fuera de la ley les confiere similitud con la mafia organizada, pues ambas trabajan metaconstitucionalmente, sin embargo, la cosa nostra perteneciente al Estado aparece hipócritamente con la botarga del nacionalismo, la democracia y el bienestar general, y la otra mafia se deja ver y sentir abiertamente con la ambición de enriquecimiento y afianzamiento.

En la conformación piramidal de la administración y la política, los cargos son rangos: el presidente, senadores, diputados, magistrados y jueces…..los dones, capos o padrinos; secretarios y subsecretarios….los sottocapos o consiglieres; los directores y subdirectores…………..los caporegime; mandos medios……. los capodecime; administrativos y operativos………….los soldados y asociados. Mientras que las mafias realizan actividades que van contra la salud pública por la venta y consumo de drogas y generan muertes violentas, la otra mafia oficial mata lentamente a miles de pobres, extremos pobres, campesinos, indígenas, desempleados y subempleados con las políticas y leyes que aprueba, con el fin de preservar la legalidad del poder y los intereses de la clase dominante. Ambas tienen coincidencias, pero una, la más estigmatizada, no esconde sus pretensiones y la otra sí con la careta falsa de trabajar por todos y para todos.

A manera de conclusión.
Las perspectivas sobre este fenómeno son muchas, pero intentaré sintetizar las más recurrentes:

1.- Visión Catastrófica: nada se puede hacer para solucionar el poder de las mafias y su alianza con el Estado, por lo que es mejor resguardarse en los hogares y elevar plegarias a alguna divinidad, para no ser tocados por los rayos y centellas que se deprenden de la guerra inocua contra el “Narco”.

2.- Visión Apocalíptica: terminar aceptando la predominancia de las mafias, tratando que los familiares y amistades sean lo menos penetrados posible por las drogas, venganzas y balas.

3.- Visión Ladina: colaborar a discreción para allegarse de recursos y protecciones que desvíen el peligro que implica no tener pertenencia a clanes.

4.- Visión Política: construir pactos políticos entre partidos, legisladores, presidentes municipales, gobernadores y Ejecutivo federal, con el propósito de que se generen legislaciones y programas que auspicien investigaciones patrimoniales que descubran las redes de complicidad entre empresarios, políticos y narcotraficantes, a efecto de castigar ejemplarmente a todos los transgresores, porque sólo así se destruirá el lado oscuro y se develarán más conspiraciones que escapan al imaginario promedio, si es que el Estado y sus integrantes lo quieren.

Sea como fuere……………..Aspirar a utopías es el primer paso. B.H.G.

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lunes 2 de noviembre de 2009

GOBIERNO CALDERONISTA REPROBADO EN GESTIÓN PÚBLICA


EL GOBIERNO MEXICANO REPROBADO EN GESTIÓN PÚBLICA.
Por Baltasar Hernández Gómez.


Haciendo uso del talante sarcástico que caracteriza a los mexicanos inconformes de la cultura de simulación impuesta por muchos años de regímenes priístas y ahora panistas, construiré un modelo demostrativo sobre la función pública desarrollada por el gobierno de Felipe Calderón Hinojosa, con la finalidad de evidenciar algunas coordenadas de actuación de las dependencias federales y los hombres y mujeres que las dirigen. Los resultados obtenidos en materia económica, política y social, mensajes comunicacionales y procedimientos emitidos a la mitad del sexenio muestran que la argamasa unificadora de las oficinas gubernamentales está compuesta por la inconsistencia, irresponsabilidad y falta de compromiso con el país.

El presidente de la República.

Felipe Calderón Hinojosa (FCH) es un abogado tecnócrata, educado en el dogma sinarquista y conservador de su familia, contactos, y relaciones con el PAN, que ha puesto su esfuerzo en demostrar a la clase política de derecha, empresarios nacionales y extranjeros, así como iglesia católica, que las funciones del Estado mexicano y sus aparatos burocrático-ideológico-represivo no tienen como meta el “bienestar general”. Por el contrario, el objetivo de su actuación se centra en privilegiar los intereses de los detentadores del poder político y económico, a efecto de afianzar su hegemonía por encima de la sociedad civil. Cuando su nuevo vocero panista, César Nava Vázquez (CNV), anunció el miércoles 21 de octubre que el PRI y otros partidos no permitieron un paquete ad hoc a las pretensiones del Ejecutivo y del ala más institucionalizada del partido en el poder, descubrió -sin empacho alguno- que la línea directriz de (FCH) tiene el propósito de disminuir grados de pobreza, pero no abatirla a su mínima expresión o de plano suprimirla. El recién nombrado presidente del partido blanquiazul (CNV) dijo tajantemente que la Ley de Ingresos propuesta por el primer mandatario tiene como única pretensión el reforzamiento de la estrategia “antipobreza” del actual sexenio; es decir, reconocimiento de la pobreza, ataque a la pobreza, pero nada sobre cómo y cuándo erradicarla.

La marioneta y su titiritero revelan en sus mensajes el auténtico perfil del segundo gobierno denominado de transición democrática, pues solamente se aprecian ajustes a los cánones capitalistas internacionales, fortificación de los aparatos represivos, contención de las turbulencias que pudieran provocar estallidos sociales y la continuidad de programas paliativos dirigidos a mitigar la miseria de las clases más depauperadas de la Nación. El presidente de México (FCH) sería entonces un deficiente seleccionador de personal en cualquiera de las corporaciones privadas que lo apoyaron durante su campaña presidencial, y luego entonces, candidato idóneo a ser despedido por ineficaz. En este sentido él y sus colaboradores, es decir, “los hombres y mujeres del presidente” (parafraseando el título de una película norteamericana que trató el asunto Watergate durante el periodo de Richard Nixon), han puesto en marcha planes que contradicen al propio sistema capitalista, navegando contracorriente con respecto a las expectativas internacionales que establecen, entre otras cosas, no aumentar impuestos ni desalentar inversiones directas en tiempos de crisis.

La elaboración de sus discursos rescatan lo más granado del proselitismo institucional foxista, el cual estuvo empeñado en hacer pasar la labor de gobierno como una permanente lluvia propagandística. El Ejecutivo en turno repite hasta la saciedad que la crisis será superable en el corto plazo y que lo único que deben hacer los mexicanos es aguantar más un poco más. Tan absorto está en las tareas inmediatistas de su administración que no se percata que su paquete fiscal desmiente la preocupación por las clases bajas y medias que tanto presume en sus spots, pues lo que le interesa es captar recursos frescos por medio de la recaudación de impuestos, a costa de millones de pobres y paradójicamente del sector empresarial, que hasta hace poco lo alababa en foros nacionales e internacionales. En este tenor de incongruencias subrayaré que la cuarta actividad económica, el Turismo, fue relegada a rango de subsecretaría, hecho que confirma la falta de visión para atraer beneficios al país sin golpear a la sociedad. Así de mal están el presidente y su pool de asesores. Ni hablar.

Lo único rescatable, desde el punto de vista de marketing e imagen pública para (FCH), es que lo hacen aparecer como hombre “bonachón” y declamador, ya que en medio de la crisis sanitaria provocada por la influenza AH1N1, recitó un poema de José Martí como pauta para inyectar ánimo y esperanza al teleauditorio. No obstante de este aparente semblante se esconde la miserable condición de un estadista al que no le importa aporrear a la mayoría de la población. Otras veces luce un semblante adusto cuando anuncia los alcances del combate al narcotráfico y otras serio -pero condescendiente- como cuando aplaudió de pie al senador priista, Manlio Fabio Beltrones, después de que pronunció un discurso por la unidad política de los partidos y el gobierno antes de que el Senado concediera postmortem la medalla “Belisario Domínguez” al exsecretario de Hacienda, Antonio Ortiz Mena.

Por otro lado, la vorágine privatizadora de contratos en lo que se refiere a obras y servicios de las empresas paraestatales está creciendo en forma desorbitada, lo que hace más ricos a los ricos, permitiendo al mismo tiempo el adelgazamiento de la estructura del Estado. En este sentido, el presidente (FCH) está aprobado con mención honorífica, pues ha profundizado la labor que se efectuó en los últimos 4 sexenios: desembarazarse de todo lo que “huela” a público, en aras de liberalizar la economía.

Pese a que en su aparición pública más reciente fustigó a los empresarios que eluden el pago real de impuestos con un “discurso fuerte” que más que acusación formal, sonó a petición. Casi “por favor” les pidió que depositen sus obligaciones fiscales sin evadir contribuciones por las actividades altruistas que realizan año con año. Muchos dirán que de algo a nada es mejor esta postura, sin embargo, el objetivo de su levantada de voz sirve para desviar atención sobre la aprobación en cierne de la Ley de Ingresos 2010.

El secretario de Hacienda y Crédito Público.

Agustín Carstens Carstens (ACC) economista entrenado en el ITAM y escuelas norteamericanas escogió muy bien su profesión, toda vez que si hubiera optado por ser médico habría reprobado desde los primeros semestres de la carrera. Hace un año, ante los primeros embates de la crisis globalizada, diagnosticó resfriado a la economía, a pesar de que México estaba empezando a sentir la debacle del sistema capitalista mundial. El secretario de Hacienda (ACC) repetía a los cuatro vientos que las finanzas nacionales estaban fuertes y que por ello sólo iba a sentirse un catarrito. El obeso funcionario no sólo determinó la enfermedad en forma equivocada, sino que formuló una pésima receta: en lugar de poner de pie al enfermo lo postró en la sala de terapia intensiva de un hospital de Seguro Popular en zona marginada.

Para el mes de junio de 2009, ante una sociedad casi en estado de coma, tuvo que reconocer que los mexicanos no estaban enfrentando una gripe, sino una pulmonía marca “llorarás” y que debían incrementarse las tasas impositivas para recuperar recursos, aún a costa de la producción, falta de inversiones, despidos masivos y baja en el consumo interno. Y uno tras otro los errores: su imagen de “cándido gordo” se contrapone con la transmisión de mensajes institucionales carentes de sensibilidad, ya que con su tono de voz, palabras ambiguas plagadas de tecnicismos, así como la pose cínica con la que defiende el apuntalamiento del gobierno a expensas de la contracción social, sólo despierta incertidumbre, desconfianza y temor.

En lugar de defender a capa y espada la espiral de equivocaciones económicas debería recetar un tratamiento que ponga como tema central la drástica reducción de las partidas especiales para la Presidencia de la República, gastos de representación, teléfonos, guaruras, asistentes personales, viáticos, sobresueldos, prestaciones, etc.; disminuir la abultada estructura de funcionarios públicos en los tres niveles de gobierno, así como los ingresos, prestaciones y excesos de diputados, senadores, jueces y magistrados. No obstante el panorama desolador que hace imaginar una inmensa área de urgencias, la prescripción estipuló únicamente una larga lista de placebos para que se levanten millones de enfermos como zombis bajo luna llena. Hace unos días se puso en contra de premios Nobel de economía (algunos fueron sus mentores académicos), afirmando que no saben nada de la situación prevaleciente en el país y por eso no hay otra alternativa más que aplicar el paquete fiscal que diseñó Calderón´s Company y la partidocracia.

El secretario de Gobernación.

Fernando Gómez Mont, (FGM) abogado adscrito al círculo cercano de Diego Fernández de Ceballos (DFC) y a las familias Calderón y Zavala, llegó a la titularidad de la secretaría de Gobernación a consecuencia de la muerte de Juan Camilo Mouriño y por la imposibilidad del presidente (FCH) de nombrar al llamado “Jefe Diego” por su estigma político. Ha sido defensor de empresarios ligados a delitos fiscales y problemas inmobiliarios. Por si alguno le queda duda sobre la proximidad con el poder político del actual “ministro del Interior mexicano”, debo recordar que (FGM) fue abogado de Raúl Salinas de Gortari. Su liga con (DFC) y (FCH) le viene por la contigüidad de las familias que controlan al panismo, compartimiento de asuntos jurídicos, desde su posición de asociado en el despacho Zinzer, así como trabajo conjunto en legislaturas pasadas.

A un año de laborar en las oficinas de Bucareli, su papel ha sido ineficaz -por decir lo menos-, en virtud de que se ha convertido en el ariete exterminador de (FCH), lanzándose a propagar discursos con alta carga simbólica de agresividad, que van desde amenazas a los narcotraficantes de “La Familia michoacana” hasta el rompimiento con el corporativismo. No puede pedírsele más, pues es un abogado con perfil bravucón que destaca por su elocuencia para enjuiciar a quienes considera enemigos. Con tales características reúne los elementos necesarios que requiere el Ejecutivo, para contener a partidos, legisladores, movimientos sociales, etc. De tal suerte forma parte del “gabinete duro”, integrado por Javier Lozano Alarcón, Agustín Carstens Carstens, Genaro García Luna y de los líderes del Consejo Político del PAN.

En la actual circunstancia política la secretaría de Gobernación no representa ni el 10% de lo que constituía para los regímenes priistas y por eso es preferible darle un hálito de fuerza política a través de la figura de un “gordito pendenciero”, que ponga sal y pimienta a los pasteles que saca del horno a cada momento la presidencia de la República. (FGM) se ha dedicado a pregonar que México está en calma, pese a la ola violenta de asesinatos y asaltos, que ya suman en este año casi diez mil ejecutados; revelar parte de la estructura del Cisen, defender la intervención de las fuerzas armadas en asuntos sociales, pero sobre todo a exaltar las acciones de su jefe. Sobre gobernabilidad muy poco, toda vez que no ha tenido un trabajo de contacto y operatividad fina con el Poder Legislativo, empresarios, asociaciones diversas, corporaciones laborales, partidos políticos y mucho menos en lo que respecta a la conectividad funcional entre la burocracia Estatal y la sociedad civil.

El secretario del Trabajo.

Javier Lozano Alarcón (JLA) es otro funcionario con formación de abogado, que edificó un mini emporio a su paso por la secretaría de Comunicaciones y Transportes, el cual todavía controla a distancia, a través de los abogados Rafael Ojeda y Vega, abocados al igual que su hermano Gerardo, con todo lo relacionado a telecomunicaciones, especialmente en materia de concursos, asesorías y contratos. Muchos analistas afirman que este personaje de cuarenta y siete años de edad es el nuevo Joseph Marie Córdoba Montoya (quien fue el asesor principal y súper secretario de Estado en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari), debido al el poder que reúne en varias dependencias federales y la preferencia que le confiere (FCH).

Ha sido catalogado como experto en maniobrar los trabajos sucios del gobierno calderonista, de haber liquidado a una empresa pública y disuelto ilegalmente un contrato colectivo de trabajo. En su cara, el diputado Porfirio Muñoz Ledo le aseguró que es el brazo armado de la privatización y el continuador del difunto exsecretario de gobernación Juan Camilo Mouriño, pero en versión fascista. La actuación de (JLA) significa la cara legaloide de la represión económica estipulada en el paquete fiscal 2010, que sirve de cuña para una futura represión social y política. Lo que se aprecia en el plano material es que hay ochocientos mil puestos de trabajo perdidos en 2009, empresas de bienes y servicios que cierran diariamente y una política “de garrote”, apoyada por los aparatos represivos y burocráticos del Estado y los medios de comunicación.

Durante su comparecencia en la Cámara de Diputados demostró que existe un entrenamiento sistematizado de los funcionarios de primer nivel, para afrontar la crítica, por medio de poses que lo mismo ignoran o hacen caso omiso a las argumentaciones de partidos políticos, expertos, sindicalistas, que de la sociedad en general. Una vez que llegó al Palacio de San Lázaro su semblante fue similar al de la estatuilla de monos chinos que “no ven, no hablan ni oyen”. La deficiente y constreñida información, el desprecio a los opositores, la postura de apuntar, pero no responder; la insolencia para argumentar sin bases los verdaderos intereses del Estado, son elementos que se repiten como paradigma gubernamental para dizque soportar los vaivenes de la crisis social, política y económica. (JLA) es, sin lugar a dudas, un máster en la desfachatez de estar cometiendo crímenes sociales, demostrando entereza casi estoica, la cual es sólo una máscara que esconde la irresponsabilidad gubernamental, la impunidad y el silencio de pasar por encima de la población.

La secretaria de Relaciones Exteriores.

Patricia Espinosa Cantellano (PEC) es una diplomática de carrera con 25 años de servicio, que tiene la tarea de presentar una nueva imagen y presencia del gobierno mexicano en materia de relaciones exteriores, teniendo como objetivo desarrollar cierto activismo de liderazgo del presidente (FCH). Sin embargo, aunque se deja ver un estilo más propositivo no ha podido transformar los errores cometidos desde hace 9años, que colocan a México como una entidad promedio en el concierto internacionalista. Sin hegemonía en el continente americano las recientes administraciones panistas no logran siquiera oponerse a las incursiones de Estados Unidos de América en territorio nacional, ni mucho menos las desigualdades operativas del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. A nivel latinoamericano, la nación ha perdido fuerza, pues Lula Da Silva y Hugo Chávez tienen la suficiente representación para levantarse como voces que direccionan foros sociales, políticos, financieros y ecológicos.

La titular de la SRE (PEC) exhibe un bajo perfil, acorde con las directrices del presidente (FCH) de lucir ponencias que refrendan la neutralidad y respeto a las decisiones autónomas de los diferentes Estados nacionales, pero que no alcanzan a definir líneas de acción para cambiar rumbos con respecto a las decisiones de los países altamente desarrollados. Mientras que en la práctica la administración calderonista suprime garantías individuales, la funcionaria federal exige respeto a la democracia en Honduras, permitiendo al unísono abusos en la franja fronteriza que divide a México de Guatemala y omitiendo las violaciones cometidas por los norteamericanos en su barda divisoria. Incluso los legisladores mexicanos han mostrado su preocupación porque no ha dado a conocer pormenores del Plan Mérida, el cual implica una intromisión del gobierno americano, ya que existe la clara pretensión de enclavar agentes de inteligencia, justicia y seguridad en tareas de vigilancia y detención.

(PEC) funge como la dama que reproduce el esquema de (FCH) para meter la labor internacionalista en el “costal de la lucha contra el narcotráfico”, a efecto de que dicha estrategia sea considerada como máximo baluarte de la política interna y foránea. En su más reciente visita a Guatemala, el presidente de la República insistió que es imprescindible combatir a las mafias para salir de la crisis y el atraso, lo cual ratifica que la guerra contra el crimen organizado es la maniobra más importante de su administración. La canciller está evidentemente atada de manos, ya que no puede evidenciar una postura firme ante los embates de países poderosos, como fue el caso de discriminación y retención de compatriotas en China con motivo de los brotes de influenza AH1N1.

Paradójicamente, derivado de este evento, el coloso asiático fue quien produjo la primera vacuna contra la pandemia, la cual será vendida incluso a México. Claro está que recibieron gratuitamente los conejillos de India, reteniéndolos y analizándolos para alcanzar dicha primicia sanitaria. Pobre el rol de (PEC), pues tiene que ser la embajadora que muestre posturas abiertas y liberales, mientras que en lo doméstico hay un conservadurismo antidemocrático bastante profuso.

Sobre otros funcionarios del gabinete calderonista.

Para hablar de Genaro García Luna, secretario de Seguridad Pública; Arturo Chávez Chávez, titular de la PGR; Alonso Lujambio Irazábal, secretario de Educación Pública; Ernesto Cordero Arroyo, secretario de Desarrollo Social y Gerardo Ruiz Mateos, titular de Economía, realizaré una próxima entrega…

En el estado de Guerrero.

Zeferino Torreblanca Galindo (ZTG) es antes que gobernante un hombre adoctrinado en escuelas con tendencias de derecha, que terminó plegándose al estereotipo incongruente de la política pragmática que mezcla posturas de centro-centro y centro-izquierda, el cual hizo que alcanzara sus dos puestos político-administrativo más importantes: la presidencia municipal de Acapulco (1999-2002) y la gubernatura de Guerrero (2005-2011). A partir de esta descripción no se puede esperar mucho de él, pues su perfil fue fabricado con base en el marketing electoral e institucional, que le funcionó para promover su gestión pública en el puerto de Acapulco, situación que lo propulsó tres años después a ocupar las instalaciones de Casa Guerrero. Sin embargo, a cuatro años de ejercer el mandato no logra captar ni retener la empatía y apoyo social en las siete regiones de la entidad.

El gabinete guerrerense está integrado mayoritariamente por mujeres y hombres cuyos méritos están basados en la amistad y complicidad juvenil y adulta con el actual Rey Sol sureño; desde el compartimiento de terapia anti-adictiva; adherencia al grupo ACA, asociación civil opositora al priismo hegemónico de la región, o bien, haber sido recomendados por el exgobernador René Juárez Cisneros. Ninguna de estas variables ha traído resultados positivos para el estado, bueno, ni siquiera medianamente perceptibles que arranquen opiniones favorables. Con una lógica de poder obsesiva-compulsiva el actual gobernador remarca que sus funcionarios él los puso y por eso los resguarda a pesar de haber cometido y seguir haciéndolo decenas de errores en su quehacer administrativo.

En cuatro años de gobierno (ZTG) los mueve de puesto, intentando protegerlos y a otros convertirlos en legisladores o presidentes municipales, para posteriormente volver a instalarlos, cuando no cuaja su proyecto político, bajo la táctica de operar conspiraciones palaciegas al interior de las dependencias (como los casos ocurridos en las secretarías de Gobierno cuando Armando Chavarría Barrera estaba a la cabeza y de Salud con Luis Barrera Ríos, entre otras dependencias). A su amiga Gloria María Sierra López la colocó primero en la secretaría de Desarrollo Social, para luego impulsarla como candidata a presidenta municipal de Acapulco y posteriormente a diputada federal. Como no obtuvo ningún triunfo la ocultó un tiempo y ahora volvió a llamarla para que ocupe una plaza de cuasi primer nivel en Salud, bajo la dirección temporal del promotor de acosos laborales y sexuales, Rubén Padilla Fierro, en medio de una tormenta de corrupción, tráfico de influencias y favores carnales.

Ni hablar de su flamante secretario de Educación, José Luis González de la Vega, amigo personal y miembro de una familia muy unida a la suya, que no ha realizado absolutamente nada en educación, sino solamente apegarse al SNTE, tratar de aplicar el Acuerdo para la Calidad Educativa sin éxito y solicitar más recursos para pagar la extendida nómina docente y administrativa de la entidad. Sobre las graves irregularidades producidas en la pasada administración en materia de recursos financieros, créditos Cebe, aviadores y venta de plazas………….nada.

En el caso del titular de Economía, Jorge Peña Soberanis, heredero de un consorcio mueblero y amigo de familias acomodadas, se regodea al ostentar logros personales de empresarios locales, presentándolos como proyectos financiados y apoyados por su dependencia. Sobre préstamos productivos sólo se conocen cientos de historias donde el común denominador es que no hubo formal autorización de créditos, pero que sí aparecen como otorgados y pagados en las listas oficiales que sirven para la comprobación de logros oficiales. En Acapulco y otras ciudades donde su negocio está establecido, las remodelaciones y ampliaciones están a mil por hora.

Podría seguir enumerando a otros funcionarios de oropel que componen al gabinete zeferinista, pero sólo remataré con el caso del exsecretario de Desarrollo Rural, Armando Ríos Pitter, que fue apoyado para andar paseándose por las zonas rurales y urbanas del estado y después catapultado como candidato a diputado federal por la región de la Costa Grande. Hoy es el único recomendado de (ZTG) que obtuvo un puesto de elección popular federal y se maneja como posible “delfín” para sucederlo (siempre y cuando llegue a una negociación con el perredismo guerrerense, lo cual puede ser factible, en virtud de los cambios producidos por el asesinato de Armando Chavarría Barrera; la debilidad del PRD; los acercamientos con el PRI, así como la falta de cuadros competitivos en el PAN, Convergencia y PT).

La evaluación del gobernador y su equipo de trabajo es negativa, a pesar de los intentos por comunicar obras y programas que sólo se aprecian en informes impresos, spots en medios electrónicos, conferencias de prensa y foros, así como en los datos que se introducen a la internet. Lo único comprobable (que obviamente no admite el gobernador ni su gabinete) es que la población no ve, ni siente y mucho menos aprecia el concepto cambio y sus implicaciones concretas. Ni modo, así están las cosas en blanco y negro. B.H.G.

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jueves 22 de octubre de 2009

LA MEJOR FORMA DE DOMINACIÓN POLÍTICA: MOLDEAR LA OPINIÓN PÚBLICA


LA MEJOR FORMA DE DOMINACIÓN POLÍTICA: MOLDEAR LA OPINIÓN PÚBLICA
México 2009
Por Baltasar Hernández Gómez


Dejando a un lado la pared mediática que intenta desprender los valores humanos, culturales, analíticos y democráticos de la sociedad, la desaparición de la compañía Luz y Fuerza del Centro (LyF) es tan sólo una más de las “perlas” que tiene el collar de dominación política del Estado mexicano. El decreto que da caput a dicha paraestatal pone al descubierto los métodos y tácticas que son utilizados para preservar el Poder a través de la fuerza legal-represiva. Atrás del despido de más de cuarenta mil trabajadores (agremiados en su mayoría al Sindicato Mexicano de Electricistas [SME]) no está la preocupación de eficientar la productividad en la generación, distribución y control de la energía eléctrica o ahorrar recursos por las prestaciones sindicalistas, porque el objetivo de la clase dominante -en lo político y económico- es la desaparición del sindicalismo estorboso, a efecto de volver a poner en marcha las exigencias globalizadoras para desincorporar las empresas públicas que todavía están a cargo de los gobiernos de países periféricos.

En este sentido las formas y el contenido de la hegemonía política no han permanecido estáticas, pues ya no se requieren de movilizaciones gorilescas para desalojar instalaciones, dividir organismos y quitar del medio a hombres y mujeres non gratos para los planes Estatales. Hoy, solamente basta construir una plataforma comunicacional que trastorne la percepción pública, a fin de modificar pensamientos, creencias, actitudes y prácticas sociales con arreglo a fines. Si el consenso no deriva de razonamientos, luego entonces se impone la máxima "los buenos somos nosotros y los malos todos los otros que atenten contra las costumbres neoliberales de la modernidad”. Los medios masivos de comunicación son los instrumentos para el apuntalamiento de nuevas realidades e imaginarios colectivos y sirven para dar validez a las hogueras que se prenden -en circunstancias especiales- para quemar a los enemigos de la Patria.

Millones de personas que tienen como marco referencial la televisión, radio y alguno que otro periódico de fácil digestión mental captarán los mensajes políticos y económicos, teniendo como mediación las consignas de la clase dominante. La opinión pública es convertida en paradigma universal para la imposición de medidas que, de otra forma, sería imposible alcanzar. Después de meses y meses de discusión en petit comité el gobierno calderonista decidió maniobrar para dar fin a LyF y su sindicato, para así sentar las bases de una futura reestructuración, venta o concesión a particulares. De golpe y porrazo dicha empresa y sus trabajadores son ineficientes, bandoleros y sanguijuelas del presupuesto nacional. Mi planteamiento no es defender, ni por lo más ni por lo menos al SME ni a sus líderes, sino poner los puntos sobre las íes en las directrices cada vez más conservadoras de los gobiernos mexicanos, que tienen como prioridad la conservación de la ganancia y el control social. Lo que menos importa son los mexicanos que se encuentran viviendo en condiciones de pobreza y pobreza extrema.

Los trabajadores de la extinta paraestatal y todos los demás que todavía no han sido tocados por la égida neoliberal representan los objetivos de misiles políticos que aspiran a tener un modelo económico sustentado sobre empleados temporales y sin organizaciones que los resguarden. No hay discusión abierta, análisis o crítica para decidir el rumbo nacional y mucho menos sobre la infame ineficacia de los directivos impuestos por las administraciones federales a lo largo de 35 años de funcionamiento de LyF. El enemigo común construido por el Estado debe ser exterminado de manera legaloide, teniendo como soporte la ideología de que la clase obrera organizada ya no cabe en el juego del mercado globalizado, que de manera permanente contrata a jóvenes y adultos menores de 40 años sin ningún tipo de seguridad o prestaciones.

No hubo necesidad de macanas, toletes, rifles, pistolas o tanques disuasorios, porque la contundencia de la tv, internet, radio y medios impresos bastó para enarbolar el discurso antiséptico del presidente y sus secretarios de Gobernación, Trabajo, Energía, Economía y Hacienda. Hemos visto que cuando se trata de operar el poder, los aparatos del Estado ponen toda la carne en el asador en diferentes vías, canales, horarios y con prejuicios que tienen la intencionalidad de hacerse verdades: el resultado fue el presumible rechazo público a los sindicalistas.

Ahora son los electricistas, pero mañana pueden ser los trabajadores de los restantes organismos paramunicipales, paraestatales, descentralizados, instituciones educativas, etc., porque ante la lógica del capitalismo y sus gobiernos (sean estos de derecha, centro o izquierda) no hay nada más importante que la acumulación de plusvalía en consorcios monopólicos, previamente sanitizados para evitar gérmenes desestabilizadores ¿Qué valía tiene entonces el mensaje del presidente Calderón cuando asegura haber hecho lo correcto con LyF y no tener cargos de consciencia? Allá los gobernantes y sus elucubraciones moralistas, porque México requiere de verdaderas decisiones de Estado que -en vez de provocar la desaparición de empresas -que bien pudieran readecuarse para ser operativa y financieramente viables- o incrementar impuestos a la población y empresarios, debieran fomentar el empleo, opciones productivas en PyMES y hacer obra e infraestructura.

El cierre de LyF fue una decisión eminentemente de Estado, puesta en marcha por el Ejecutivo en turno, para dar cumplimiento a los mandatos de la clase dominante doméstica y foránea y así seguir teniendo acceso a foros, préstamos internacionales, apoyos técnicos y materiales. Este cierre-liquidación muestra la reivindicación del capitalismo para proteger el status quo político, que defiende un sistema democratizante, pero no democrático, para que las cosas se manejen en el ámbito de la enajenación y subordinación. Desde mediados de la década de los años ochenta el Estado ha estado entrando y saliendo por el túnel de la vendimia de empresas paraestatales y bancos y hoy sólo quedan algunas entidades, que están preparándose para su subasta (previo proceso de modificación constitucional, subcontratos, etc).

El gobierno de la República apoyado por los medios masivos de comunicación, por los elementos culturales e ideológicos impartidos en el seno de escuelas, familia e iglesias está -ahora más que nunca- haciendo la reconversión de la estructura social y económica. ¡Qué más da tener cuarenta mil nuevos desempleados que engrosen el descomunal ejército de millones de subempleados y desempleados! En la visión del Estado todo puede suceder sin menoscabo del establishment, sin embargo, las condiciones históricas ahora son distintas: hace apenas unos días el rector de la UNAM, José Ramón Narro Robles advirtió sobre una crisis social de gran envergadura si se continúa con esta espiral de acontecimientos. Observación que debe ser pensada y tomada muy en cuenta, para que el destino no nos alcance de manera imprevista, trayendo consigo una involución.

El tamaño del miedo existente es enorme, tan es así que Felipe Calderón no va a asistir a la asamblea del Sitatyr (evento que por años fue aparador de la unidad entre el presidente y la clase trabajadora corporativizada), para no enfrentarse a un posible desprecio. Después de observar la movilización del SME, sindicatos y sociedad civil el pasado jueves 15 de octubre, el gobierno aceptó sentarse a dialogar con el sindicato, lo cual es sinónimo de abrirse y reconsiderar otras alternativas de solución al posible conflicto político-laboral no solamente en la zona centro, sino a lo largo y ancho del país. Sin embargo, ¡Golpe dado ni Dios lo quita! reza el refrán y esto se cumple, pues es evidente que no habrá reapertura de LyF, pero sí la consigna de que la política del Estado mexicano va contra lo que sea inoperante y gravoso. Para los despedidos y los que ya tienen sus barbas remojando sólo quedan paliativos como el ofrecimiento de “franquicias familiares” y alguno que otro reacomodo en la planta laboral todavía existente.

Algunas personas piensan que es un avance que los aparatos represivos no hubieran hecho aparición violenta en la toma de LyF o durante la marcha de apoyo al SME, pero lo trascendental del asunto es que las instituciones estatales lograron articular una estrategia político-comunicacional bastante eficiente en corto tiempo, logrando que amplios sectores de la sociedad crean y sientan suyas la retahíla de razonamientos inhumanos y engañosos del gobierno calderonista, la cual ubica a los trabajadores en condición de haraganes y vampiros del dinero público. Este evento adelanta la lógica de privatizar bienes y servicios, a través del pensamiento de que el gobierno está contaminado de burócratas inservibles y las empresas están repletas de obreros que sólo desean su beneficio en detrimento del país. La opinión pública, es la herramienta política que redirecciona los asuntos de la élite y los hace pasar como “asunto de todos”. Detrás de los sondeos, de los comentarios parcializados de comunicadores, analistas e intelectuales orgánicos existe la táctica de alcanzar intereses grupales por encima de las necesidades de millones de mexicanos que aprecian su realidad a través de los medios de comunicación cooptados por la simbiosis poder-economía.

Es una verdad a toda prueba que el imperio del videns es más poderoso que los militares y policías que sometieron al movimiento del 68. Luego entonces la denominada opinión pública se ha erigido como el arma que disuade turbulencias no solamente en el lugar de la revuelta, sino desde todos y cada uno de los hogares, oficinas, automóviles y sitios comunes donde hay millones de ciudadanos que se ponen en contacto con algún medio de comunicación impreso, auditivo o televisivo. La voz del presidente y funcionarios, los juicios de periodistas, los spots y la encuestología se han convertido en vacunas que desinfectan la realidad social y pone punto final a los reales o potenciales conflictos para los detentadores del poder.

La dominación ideológica de los mass media hace que parezcan naturales y hasta soportables las inmensas prestaciones, sueldos y prerrogativas de servidores públicos, diputados, senadores, jueces o magistrados. Parece no importar que se gasten millonarias sumas de dinero en los tres Poderes de la Unión, porque buena parte de este patrimonio va destinado a pagar publicidad, favores, tráfico de influencias y cochupos a las empresas de comunicación. Cuando se trata de salarios mínimos, revisión de contratos colectivos, obras de interés social y programas de apoyo entonces sí hay una variación en las percepciones y todo se convierte en gastos innecesarios, más aún en tiempos de crisis económica y moral como la que enfrenta México.

Las políticas sociales y las conquistas laborales son percibidas como nefastas transferencias de recursos que deben ser eliminadas por el bien del país. De acuerdo al cristal con el que se mira al mundo y de las inclinaciones de los medios es como las personas sienten su ambiente social. La insistencia de los medios de comunicación puede más que la realidad concreta: los medios y el gobierno cuentan con la tecnología y recursos humanos, materiales y financieros para mantener a la población en estado de alienación e indefensión, percibiendo su mundo de manera parcial y fragmentada.

Mientras el Estado y los medios convoquen a marchas por la paz vestidos de blanco y con velas en la mano; inserten marketing institucional para alabar obras y servicios y repitan sin cesar que la crisis será pasajera, todo está bien para el esquema político. Cuando se trate de marchas populares, protestas contra iniciativas, leyes o trámites humillantes para amplios sectores sociales, los aparatos ideológicos lanzarán sus baterías antiaéreas para dejar bien precisado que se trata de cuestiones subversivas y antinacionalistas.

La opinión pública lo mismo ha servido para afirmar que Barack Obama era un consumidor de marihuana durante sus años mozos (durante la guerra mediática por la candidatura del partido Demócrata) y después como presidente recibir el premio Nobel de la paz. Lo mismo elevó a Felipe Calderón como el presidente del empleo y preservador del cambio, para después ponerlo como el Ejecutivo exterminador de los últimos reductos paraestatales. Así también fue utilizada para denostar a la cantante Gloria Trevi, durante su encierro en cárceles de Brasil y Chihuahua, para después volverla a encumbrar al estrellato en programas del consorcio Televisa. Se ha empleado para poner en pedestal de oro al expresidente Carlos Salinas de Gortari durante su sexenio, para que años después sea quemado en leña de pirul o exhibirlo en el jet set cada vez que pisa territorio mexicano. Lo mismo funciona para “Juanito” cuando fue considerado un títere de López Obrador, que cuando se desdijo de su pacto con Clara Brugada y estaba negándose a pedir licencia a la titularidad de la delegación Iztapalapa en el DF. Hace una década y media se apreciaba el clímax o caída de ídolos de papel en el mundo del espectáculo, pero ahora esta dinámica se apoderó del ámbito político y social.

La respuesta más concreta por parte de la sociedad civil es estar informada, procurar debates, análisis y la adopción de acciones plurales, democráticas e incluyentes para discutir el presente y futuro del país y el mundo. No hay que quedarse en la dermis del anuncio oficial o comercial, noticia, comentario, acto oficialista o proveniente de las clases poderosas, sino profundizar e identificar las intenciones ocultas de los mensajes públicos. Hay que resistir al videns y convertirnos en ciudadanos propositivos, pero aún más……..transformadores del entorno de vida. B.H.G.

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jueves 15 de octubre de 2009

LOS DOS FRENTES DE GUERRA EN MÉXICO


DOS FRENTES DE GUERRA EN MÉXICO: NARCOTRÁFICO Y RECAUDACIÓN
Baltasar Hernández Gómez


Mambrú se fue a la guerra.

Desde hace 3 años la “Madre de todas las batallas en México” ha sido el combate al crimen organizado y hasta ahora los saldos son rojos, pues la mafia no solamente controla estupefacientes, sino que despliega su poder en todas las actividades donde haya o pueda haber ganancia económica, social y política. La estrategia de Felipe Calderón ha originado más de 14 mil bajas oficiales y otro número indeterminado de muertes/ejecuciones a lo largo y ancho del territorio nacional. El Ejército, Marina, Procuraduría General de la República y Secretaría de Seguridad Pública Federal son las dependencias que tienen carta abierta, extrayendo cifras monumentales de presupuesto público y, aún así, no se ve ningún fin inmediato que pudiera dar certeza de triunfos o menos consolidados del Estado mexicano.

Cuando Calderón Hinojosa tomó protesta como presidente de la República remarcó que sus decisiones iban a estar apoyadas por los institutos castrenses, organismos policiacos y las argucias legales que, como en el caso del decreto de desaparición de la compañía Luz y Fuerza del Centro, representan un factótum extra para el de por sí metaconstitucional poder concentrado en Los Pinos. Carente de un programa de Estado, el actual poseedor de las cinco estrellas imaginarias (como comandante formal supremo de las fuerzas armadas) emitió el mensaje de luchar contra “los malos” para captar la atención de las masas depauperadas por la crisis, vendiendo la idea de que lo más significativo es la erradicación de los cárteles. Sin embargo, el trasfondo fue la construcción de una imagen política fuerte, para alejar el fantasma de ilegitimidad que ronda su figura, sobre todo después de una contienda electoral que supuso fraude y un hartazgo social por las ineficacias de su predecesor, Vicente Fox.

Sin resultados halagüeños que permitan dar certidumbre de estar acabando con la mafia; gastando miles de millones de pesos en sueldos al personal, equipos, armas, vehículos y propaganda; siendo testigos de la desesperación social por los estragos de la violencia; confirmando que la crisis deteriora los niveles de vida de la clase media, pobres y extremo pobres, y que no existe un escenario que permita avizorar programas sustentables para generar empleo, oportunidades productivas, beneficios sociales, obras y servicios; la “guerra de Felipe” se exhibe como una táctica comunicacional, con el objetivo de desviar el ojo social y apuntalar la efigie del Ejecutivo y su partido frente a la inoperancia económica y sociopolítica.

A la mitad del sexenio, no obstante el fracaso de su cruzada antinarco, Calderón Hinojosa abrió un nuevo frente de batalla: la recaudación de impuestos, que por medio del 2% al consumo generalizado trata de justificar que con ello habrá más recursos para los pobres del país. Siguiendo el refranero foxista, el actual presidente está queriendo decir que dicha tasación se “devolverá copeteada de dinero para los más necesitados”. Esta argumentación pretende ocultar que en sus primeros tres años de gestión no ha habido planes ni acciones económicas para establecer bases de recuperación social en el corto o mediano plazo. Por el contrario, todo se ha ido en la ejecución de operativos militares y policiacos, emisión de mensajes esperanzadores para salir de la crisis global y golpeteo contra todos los organismos que no comprueban su eficacia (la filosofía neoliberal pone en la cima de realizaciones la categoría costo-beneficio).

Muchas balas, pocos logros.

La guerra contra la mafia desde su origen no tiene puerta de salida, pues la producción, transportación, distribución y limpieza de ganancias está prácticamente intacta. Todo se ha ido en detener lugartenientes, toneladas de psicotrópicos, mercancía pirata y de procedencia ilícita, pero nada más. Los dos frentes de batalla (antinarco y recaudación de impuestos) no cierran agravios ni resuelven los problemas endémicos que vive el país desde hace décadas, y que se han recrudecido desde hace 9 años. El gobierno de Felipe se desenvuelve en medio de vítores propagandísticos que ensalzan movilizaciones y retenes del aparato represivo del Estados y la “buena voluntad” para reestructurar el gasto corriente y algunas secretarías. Muchas flatulencias y ni siquiera una porción de producto fecal que pudiera dar la localización de quien está obrando.

Hasta el momento no hay resultados que puedan sentirse en los bolsillos, en el bienestar de las casas, en los trabajos y mucho menos en la realidad social ampliada. Todo se ha convertido en spots, desplegados, decretos y firmas de convenios nacionales e internacionales, que sólo fomentan la faramalla. Sobre estabilidad, desarrollo y certidumbre, todavía nada. Así pues, el panorama nacional luce sombrío: por un lado, la sociedad se siente atacada en su integridad física y moral por la ola imparable de asesinatos, robos e imágenes dantescas de decapitados, baleados, mutilados, asaltados y secuestrados; por el otro costado, hay una depreciación sensible de la calidad de vida al ser víctima de la galopante carestía y desempleo.

Las bajas producidas por la guerra calderonista son muchas y muy variadas, ya que los grupos sociales más vulnerables a los efectos de la crisis están prácticamente en estado de inanición y la clase media -en todas sus estratificaciones- vive en alerta máxima, viendo cómo se devalúan sus niveles de prosperidad. Mientras tanto, los rostros de gobernantes, legisladores, jueces que deben sus puestos a la ruleta del poder político y administrativo, muestran sonrisas amparadas por explicaciones economicistas donde la oferta y la demanda, los principios de la evolución competitiva de las especies son la moneda de cambio corriente para justificar medidas antidemocráticas y de austeridad infrahumana que sólo buscan proteger el control del Estado frente a la masa desposeída.

Los personeros de la clase dominante unas veces ajustan la toma de decisiones a decretos, privilegiando un “interés nacional” inexistente y otras más al uso selectivo de la fuerza (represiva, legal e ideológica) de las instituciones gubernamentales, milicias y medios masivos de comunicación; con la finalidad de defender sus intereses políticos, económicos y de formación cultural. La opinión pública está siendo encasillada en el seguimiento morboso de asesinatos y noticias intrascendentes, pero el rumbo real de la Nación sigue un sendero distinto, dirigido por una élite que busca la apropiación de miles de millones de pesos provenientes de los ahorros de Afores, alzas en impuestos, reducción de partidas presupuestales para programas sociales, desatención de servicios básicos, educativos y de salud, así como la supresión de empleos y la negación de un sistema digno de vida democrático.

Soldaditos de plomo.

La “guerra calderonista” tiene mariscales de campo entrenados en el doble lenguaje y el cinismo para decir mucha palabrería sin significado ni verdad, utilizando códigos semánticos incomprensibles e inverosímiles. El secretario de Hacienda y Crédito Público (Agustín Carstens) actúa de manera idéntica al titular de Gobernación federal, pues son doctores especialistas en propaganda ambigua y amoral: lo mismo dicen que no pasa nada, que todo está fundado en la ley, que el país está a punto del colapso o que no hay dinero para absolutamente nada. Hace unos meses sólo había un simple resfriado por la crisis y en estos momentos el país padece de pulmonía. Todo parecía funcionar de maravilla en las dependencias de gobierno y ahora se descubren ineficiencias en la generación de petróleo y electricidad. Lo mismo afirman que hay pandemias, para después darnos palmaditas en los hombros y un poco de gel antibacterial para continuar deambulando por las calles cada vez más solitarias de México (muy parecidas a las calles del pueblo de Comala, retratadas magistralmente por el escritor Juan Rulfo en su obra Pedro Páramo).

La gordura física de los secretarios de Hacienda y Gobernación no se compara con el exceso de volumen de sus desatinos que han hecho perder la brújula del control económico y político del país y pone entre la espada y la pared a millones de trabajadores, profesionistas y trabajadores organizados e independientes, así como también empresarios de todos los tamaños, que seguramente tendrán que pagar mayores impuestos al fisco, en el caso de aprobarse el paquete financiero propuesto por Lipe (como lo ha llamado el cómico Jesús Carranza “El Costeño” al afirmar que ya se perdió la “Fe” de su primer nombre). Los demás funcionarios de primer nivel, entre ellos los de Trabajo, Salud y Educación, expresan argumentos tecnicistas para minimizar sus acciones contra trabajadores de paraestatales, la persistencia de la pandemia viral AH1N1 y el atraso educativo.

En México todo se ha vuelto una danza de frases sin sentido, acompañadas de extractos bíblicos y una buena dosis de desparpajo irresponsable. Parafraseando al cantante José José cito una línea de canción famosa: “…que yo he sido en tu cadena de amor tan sólo un eslabón y en tu escalera un peldaño al que no te importa pisar y hacerle daño”. Así es como el gobierno neoliberal del PAN usó a la sociedad mexicana para llegar al Poder por medio de los votos, para después abandonarlo a la competencia feroz de la globalización.

Una mirada a la bola de cristal.

El presidente Calderón Hinojosa como ejecutor de los designios del Estado mexicano intensificará su labor militar-policiaca para distraer al mayor número de público y dar más “atole con el dedo”. Asimismo, provocará alzas en la tasación impositiva, inspecciones comerciales para la captación de recursos por efecto de multas, endeudamiento externo, concesiones al Poder Legislativo y Judicial, apertura a los requerimientos derivados por el Tratado de Libre Comercio con Norteamérica, maridaje profundo con militares, marinos y policías, así como un permanente golpeteo a sindicatos y organizaciones urbanas y rurales combativas.

Del mismo modo seguirá defendiendo a los organismos “charros o blancos” como el SNTE, Petroleros y afiliados a la CTM, entre otros, así como a cúpulas empresariales y transando tras bambalinas con los diferentes cárteles para que, la supuesta guerra de movimientos contra actividades ilícitas, no se desborde en ingobernabilidad.

Y caigo por último en mi estado, Guerrero, donde el gobernador y su séquito apostarán al endeudamiento para pagar nómina, prestaciones y aguinaldos, a la simulación de investigar sin llegar a resultados contundentes, a dizque hacer obra, pero sólo de relumbrón cortoplacista y atacar verbal y físicamente a todo aquello que se mueva fuera de su círculo absolutista, muy parecido al que tuvo el rey francés Luis XIV.

Seremos testigos de una fiesta de la incongruencia donde un funcionario (Consejo de Seguridad del estado) maniobra para ganarle un juicio a su exesposa; de investigaciones de asesinatos que se fundan en inferencias y dichos (PGJEG); de titulares de dependencias que utilizan su tiempo, recursos y poder para pasearse y fotografiarse con compañeras de trabajo en paños menores y desnudos (AGE y Salud); de trasladarse en helicópteros que deberían prestar servicios de urgencia y traslados en las zonas más marginadas de las siete regiones de la entidad (Oficina del Gobernador); de ver cómo se inundan las calles de la mayoría de poblaciones con permisos y placas del servicio público (Comunicación Social y Transportes) y observar que los mejores contratos en las direcciones de desarrollo urbano, economía, obras públicas, adquisición de materiales, muebles y consumibles, así como mantenimiento de equipo se los llevan los elegidos de la élite del hombre oriundo de Jalisco (Zeferino Torreblanca) que se siente mesías sanjeronimeño por el sólo hecho de haber sido vástago de comerciante abarrotero y arrendador, dejar el vicio del alcohol, acomodarse en asociaciones civiles y haber concertado con el PRD, PAN, políticos y gobernantes del otrora partido único, para llegar primero al Palacio Municipal de Acapulco y posteriormente a Casa Guerrero. B.H.G.

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lunes 5 de octubre de 2009

LA DEMOCRACIA EN MÉXICO: UNA PERVERSIÓN DE INTERESES


EL MENTIROSO JUEGO DEMOCRÁTICO EN MÉXICO
Por Baltasar Hernández Gómez


La conquista del Poder político.

La cultura democrática existente está enfundada en la obtención de legalidad por medio del voto ciudadano y no en la legitimación de proyectos políticos que resuelvan, con la participación societal, los conflictos y necesidades que persisten en la realidad. En México la democracia no es una forma de vida para desarrollar todas las potencialidades humanas, sino una red de procesos verticales que impone una visión de sometimiento a ideales reconvenidos por el sistema partidocrático que acapara para sí las vías de acceso a la política. Las elecciones se vuelven el pináculo de la dinámica a la que deben someterse las mujeres y hombres mayores de edad, para supuestamente diseñar un mejor país. La democracia mexicana es entonces un simple y llano proceso de democratización, es decir, concesiones y prerrogativas que van abriendo los organismos de la sociedad política, verbigracia Estado, apretando aquí, ajustando allá, con el objetivo de conservar la hegemonía de la élite gobernante.

En el juego de hacer creer que la democracia mexicana es perfectible y que es el modo de vida más idóneo para convivir doméstica y globalmente sin injusticias, la sociedad civil es presionada a interiorizar que si se suma al proselitismo electoral, razonamientos de partidos, candidatos, medios de comunicación y a la idea acomodaticia de que es mejor tener amigos o aliados para conseguir puestos o favores, y con ello se cree estar construyendo una Nación más próspera. Nada más alejado de la verdad, porque este paradigma inmoviliza cualquier acción propositiva que incluya programas y acciones que intervengan positivamente en la calidad de vida ciudadana. Sólo queda acoplarse -lo mejor posible- a las instituciones Estatales encargadas de organizar, operar y sancionar las elecciones cada 3 ó 6 años, de acuerdo al calendario de renovación de los Poderes Legislativo y Ejecutivo.

Durante un periodo aproximado de 100 días, los partidos políticos, que son los propietarios de los canales de inserción y participación política, apoyados por los aparatos gubernamentales, buscan con desmesura el convencimiento de las masas votantes para que entreguen su sufragio a cualquier instituto que presenta un proyecto utópico de bienestar. El abanico de partidos es grande, pero más grande es el ansia de perpetuar los controles sociopolíticos, a través de una participación acotada de millones de mexicanos que sólo cumplen con la obligatoriedad de sentirse ciudadanos ejemplares, para luego ser empujados a refugiarse en la comodidad de sus hogares, trabajos y círculos sociales. Y no es que la sociedad sea la culpable de que todo siga igual, sino que así ha sido educada para adecuarse a los parámetros de aceptar la selección de candidatos y sentir que no hay más por hacer. Lo cierto es que hay un apoderamiento de la representación de que las urnas son el clímax, el máximo alcance que pueden lograr los mortales mediatizados, pero no más.

Aunque persiste el dogma de que no hay nada más allá de la democracia vertical, que está opuesta a la de democracia participativa en el nivel horizontal (la cual se debiera dar como natural y única en todas y cada una de las realizaciones que se realizan en el hogar, escuela, trabajo y relaciones interpersonales), las cifras electorales expresan que la sociedad cree cada vez menos en este modelo pasivo. Y cómo no: legisladores y gobernantes ineficaces y corruptos; partidos que negocian con los opositores para lograr prebendas, dinero y empleos para amigos, compadres y familiares; enriquecimientos ilícitos e inexplicables; olvido de promesas; menos servicios públicos con calidad y oportunidad; más cargas hacendarias; mayor violencia por omisión, contubernio y negligencia; creciente e imparable pobreza económica; son sólo algunos indicadores tangibles de que lo que se vive en el renglón de “lo político” es un engaño por los cuatro costados. La abstención es un fenómeno casi imparable, pero aún así el IFE, las dependencias federales, estatales y municipales, partidos políticos y la clase empresarial se desviven por seguir preservando al sistema que los ha favorecido con riquezas, prestigio, impunidad e impudicia.

No obstante las cantidades exorbitantes que se erogan en publicidad, gastos de campaña, presupuestos para la manutención de los partidos, funcionarios del IFE y Trife, Poder Legislativo y despachos gubernamentales, que representan una afrenta a la clase media y a los más de 57 millones de pobres y extremo pobres de México; los ciudadanos enajenados por la culturización política sólo reciben colores, contornos y patrañas de la farándula social, política, así como del mundo del espectáculo, optando por el camino más próximo: el enfado, abstencionismo, crítica y resignación.

El acomodo.

Ya apropiados de la curul u oficina de algún nivel de gobierno, los políticos y funcionarios padecen de amnesia, pues se olvidan de proyectos y promesas verbales, que muchas ocasiones son hasta firmadas ante fedatarios públicos, pero sobre todo del compromiso de construir honesta y decididamente un país de “todos” y para “todos”. Primero adoptan un mensaje de protección: hay que analizar las demandas hasta las profundidades más recónditas antes de actuar; hay que cuidar lo que se tiene y evitar movilizaciones de protestas; hay que admitir los ajustes de austeridad, la inflación, los despidos, el abandono de las causas más sentidas de la población, porque la Patria no está en condiciones de cumplir con sus hijas e hijos.

Posteriormente los investidos en ropajes republicanos, dignos émulos del Senado romano en tiempos imperiales, empiezan a presionar para que sus dietas, viáticos, pasajes, nómina personal y gastos diversos se incrementen, para asegurar en el tiempo de su mandato, un porvenir que les permita soportar las críticas, el ostracismo o hasta las acusaciones que pudieran haber en su contra posteriormente. Los votantes –de acuerdo a esta lógica de Poder- ya cumplieron con el cometido de ir a las urnas y ahora tendrán que soportar lo que venga, porque seguramente habrá otros atrás de ellos que renueven la quimera de “borrón y cuenta nueva”, para seguir aspirando a un México justo y rebosante de bonanza.

La indiferencia y el olvido dan cabida a uno de los pecados más perversos de los políticos, que es la desfachatez de “no ver, no oír y no hablar”, permitiendo que se repita la cruda realidad que subsume a las mayorías nacionales en la miseria social, económica, política y moral. Este comportamiento no es otra cosa más que cinismo superlativo que encrespa y llena de desventura a la sociedad, la cual impedida a revocar mandatos, se limita a criticar en corto. La desazón generalizada es el escudo protector de los desventurados que persiguen la consecución de sus intereses personales y grupales, pues hoy en día lo que no es masivo, llamativo y no aparece en los medios de comunicación sencillamente no existe. Nacidos, amamantados y preservados en un sistema autoritario, de partido único y hasta hace 9 años en un tripartidismo concertacesionador, los ciudadanos no alcanzan a visualizar que el Poder y la democracia real nunca están en juego, porque simplemente se trata de una recreación de estructuras simuladoras de lucha sociopolítica, enmarcada en los dimes y diretes que se difunden en la arena electoral con “gladiadores” ataviados con atuendos y máscaras multicolores.

Antes del acomodo, cuando los políticos sólo son aspirantes o precandidatos ofrecen su palabra de honor y se desgarran vestiduras ante la ciudadanía, pero cuando llegan a diputados, senadores, regidores, presidentes municipales, gobernadores, secretarios de Estado y presidentes de la República no miran y mucho menos sienten la realidad: la pobreza es un espejismo inducido por los enemigos políticos, el campo no enfrenta problemas y la inseguridad es una ilusión. México se convierte en su propio Alicia en el país de las maravillas, donde nada es para tanto. Los funcionarios y políticos que defienden su encargo lo hacen por ambición de Poder y para lograrlo están dispuestos a llevar al cabo cualquier cosa: engañar, reír, llorar, enaltecer acciones y proteger lo indefendible. Muchos políticos hacen proselitismo apropiándose de una imagen prefabricada, pero cuando llegan a la meta ya no actúan en función de la sociedad (que es el elemento trascendental para la democracia: demos=pueblo y chratos= autoridad), sino en relación a los intereses de su grupo propulsor, partido y los mass media.

La relación entre políticos, gobernantes, partidos, grupos de interés y medios de comunicación se traduce en transacción continua a costa de las mayorías. En esto ha caído el sistema democrático, que sólo busca convenir tratos favorables para los “elegidos”. Por esto es que los políticos ofrecen votantes como carne de cañón y un cúmulo de capitales financieros y de tráfico de influencias a los clanes que integran la “familia partidocrática”, aprobaciones al gobierno en turno, canonjías a los mecenas privados y a los medios de comunicación. Los que llegan a los puestos de Poder se acomodan repartiendo contrataciones de publicidad, dádivas y remesas a la industria comunicacional, reporteros, paliativos a comunidades muy pequeñas, privilegios legales y extralegales a empresarios, compañeros legisladores y funcionarios del Estado y de su partido.

La sátira mexicana.

La puesta en escena de la sátira política comenzó al finalizar la Revolución mexicana cuando la Constitución de 1917 estableció un régimen democrático y un sistema político con clara división de Poderes, sin embargo en la práctica el modelo estuvo siempre sujeto de los alfileres de la voluntad del presidente en turno. Esto trajo como derivación un Poder metaconstitucional del Ejecutivo, ya que por decenios no hubo un Legislativo independiente y el Judicial estuvo subordinado al portador de la banda tricolor.

El equilibrio político no dependió del respeto a la Leyes que caracterizan a una verdadera división de Poderes republicano, sino de aspectos políticos, sociales y culturales. El presidencialismo mexicano creó, reprodujo y vigiló un paradigma autoritario para que la sociedad entendiera y actuara en política. La cultura paternalista en donde el Presidente todo lo podía, todo sabía y todo imponía, fue por más de 71 años el elemento más destacado del sistema político mexicano. El “estilo personal de gobernar”, como lo acuñó Daniel Cosío Villegas, fue el factor decisivo para establecer las proporciones para hacer o dejar hacer en términos políticos y económicos. Independientemente de la eficacia de algunos actos, como por ejemplo: la expropiación petrolera en 1938 asumida en el gobierno de Lázaro Cárdenas del Río; la nacionalización bancaria en 1982 bajo el edicto de Lópezportillo o la implantación del neoliberalismo por la administración de Miguel de la Madrid Hurtado (1982-1988) y culminada por Carlos Salinas de Gortari (1988-1994), la figura de Tlatoani estuvo colocada por encima de las exigencias sociales o de todo lo que no proviniera del Ejecutivo en turno y su séquito de funcionarios, familiares, amistades e incondicionales del partido hegemónico. En el caso específico del aval legal: el voto (que es la razón más importante para la instauración y defensa del Poder político), la organización de las elecciones estuvo prácticamente controlaba por el presidente a través del secretario de Gobernación, quien presidía la Comisión Federal Electoral, creada en 1946, y posteriormente el Consejo General del Instituto Federal Electoral creado en 1990, hasta 1996, fecha de su completa “ciudadanización”.

A pesar de las incontables promesas de los gobiernos en turno, partidos políticos, candidatos institucionales u opositores y de organizaciones civiles que se conformaron al calor del denominado proceso de transición en el año 2000, lo cierto es que la alternancia, si bien desplazó al partido hegemónico, no transformó a la clase política ni rompió con el viejo régimen, tal y como lo señala el doctor Lorenzo Meyer. En este sentido, la victoria del PAN puede ser interpretada como el flash en que la sociedad mexicana del siglo XX, recreada por la vía de la verticalidad, maduró al punto de hacer innecesario y disfuncional el instrumento político inicial de Poder –el partido de Estado (PRI)- y demandó que el Poder empezara a ser acotado y controlado de manera más institucional. Pese a este avance, conforme se desarrollaron los acontecimientos del sexenio de Vicente Fox Quesada, quedó en claro que la alternancia, por sí misma, no resolvió el problema de la democracia, pues nunca estuvo sobre la mesa los conceptos y prácticas de pluralismo, tolerancia, justicia y bienestar.

En cualquier país del mundo por mucho menos se caen gobiernos, pero en México van y vienen administraciones y legislaturas y no pasa nada. En 1988 se “cayó” el sistema de cómputo que estaba contabilizando las votaciones, las cuales fueron supervisadas por la secretaría de Gobernación, dando el triunfo de la presidencia de la República a Carlos Salinas de Gortari. En 1994 hubo una serie de fenómenos políticos (la aparición de una guerrilla del EZLN en la selva de Chiapas y los asesinatos de Luis Donaldo Colosio Murrieta y José Francisco Ruiz Massieu) y tampoco hubo asomo siquiera de un sacudimiento de las estructuras formales o metaconstitucionales. Sólo por citar algunos de los múltiples casos de infamia más recientes detallaré que el IFE confirmó que el expresidente Vicente Fox Quesada contaminó la elección y que los partidos polí¬ticos, las autoridades electorales y administrativas fueron incapaces de comprobar el treinta por ciento de los gastos por difusión en los medios de comunicación electrónicos, donde se erogó el ochenta por ciento de los recursos generales de las campañas políticas. Lo antes dicho se aprecia mejor cuantitativamente: hubo 281 mil spots que no pudieron sustentar el PAN y la partidocracia. Finalmente todo quedo en escándalo mediático y después la desmemoria.

Los altos y bajos perfiles que tienen los detentadores del Poder resultan amparo para el cinismo y la impunidad. Por ejemplo, las propiedades y fundaciones de la familia Fox Sahagún, así como su “rancho” en San Cristóbal, Guanajuato, acondicionado bajo la protección y recursos públicos, son verdaderos escenarios de la desvergüenza de presentarse en revistas y talk shows como gente del jet set, mientras que las “preocupaciones” por los millones de mexicanos pobres quedaron olvidadas. La desfachatez se reproduce en todas direcciones, toda vez que los políticos dianosáuricos, los de nuevo cuño y servidores públicos del momento se regodean de los beneficios materiales que otorga el Poder, dejando en el vacío cualquier demanda o acusación en contra de funcionarios o legisladores actuales o los que antecedieron.

Los gobiernos municipal, estatal o federal, diputados, senadores y miembros de la las cortes judiciales representan en sí mismos los recintos predilectos del cinismo rapaz, donde la procacidad y la corrupción sobrevuelan como buitres que nos advierten que estamos en un sistema político que lo menos que le importa es la gente. La sociedad secuestrada en la ideología dominante actúa reactivamente, limitándose a desarrollar sus actividades cotidianas, cargada de un desapego a la res (la cosa) pública, ya sea por conformismo o porque no le queda de otra. Y como esta situación ha sido soportada por muchos sexenios, los poseedores del Poder sienten que la inmovilidad será eterna y cada vez más exhiben sus miserias en discursos televisados, debates en las cámaras legislativas y en los cientos de actos de inauguración de obras.

En el segundo mandato panista (2006-2012), que presumiblemente fue etiquetado como “consolidación del cambio democrático”, partidos, políticos y empresarios favorecidos por el modelo político autoritario, no guardan proporciones de recato: hacen alarde de reuniones entre bambalinas, de alianzas entre opositores que en teoría son imposibles, y del manejo de enormes partidas presupuestales para perpetuar beneficios personales y grupales, traducidos en automóviles, inmuebles, joyas, viajes, cuentas bancarias, indemnizaciones inexplicables, viáticos, recursos humanos para uso personal, etc.

¿Cómo es posible que los ciudadanos crean y confíen todavía en la democracia? Simplemente por la imposición permanente de la supraestructura ideológica que oculta que partidos, plataformas programáticas y candidatos no provienen de un consenso de las bases militantes y/o societales, sino de los grupúsculos elitistas que van definiendo cómo, cuándo y dónde materializar sus intereses de clase. ¿Cómo hacer que la sociedad sienta suyo el país, cuando las listas plurinominales esconden las intenciones de envolver los cargos legislativos, para echar a andar iniciativas que favorezcan a empresarios, gobernadores y al mismo presidente, que ayudaron a obtener el triunfo de la contienda electoral? Sólo diré que entre los llegados a San Lázaro está Porfirio Muñoz Ledo, uno de los hijos de Manuel J. Clouthier y otros que quedaron a la vera del camino como Lucía Moret, quien es “prófuga” de la interpol por el ataque del ejército colombiano a una base comando de las FARC.

Y a pesar de que los escándalos del sistema político rallan en lo inaudito, que harían suponer un levantamiento de las clases sociales oprimidas, no pasa nada. Muchos intelectuales orgánicos, periodistas y miembros de los partidos grandes someten dichas incongruencias al círculo de la sátira mexicana, que de todo se ríe aunque a los ciudadanos se los esté llevando la pomposa calavera inmortalizada por José Guadalupe Posada. Así surgen intermitentemente focos rojos de la podredumbre del juego político complaciente, como los recientes casos de Rafael Acosta “Juanito” que aceptó públicamente ser el parapeto electoral de Clara Brugada, obteniendo el triunfo de la delegación de Iztapalapa en el Distrito Federal, para luego presionar con la amenaza de sostenerse en el cargo hasta que se cumplieran sus requerimientos de dinero y puestos administrativos. El acabose fue cuando rindió protesta en la Asamblea del D.F. y despotricó contra el PRD y Partido del Trabajo al que llamó “traidor”.

Así también se atestiguó de un teatro en la Cámara de Diputados cuando Gerardo Fernández Noroña (PRD) llamó asesino al Secretario de Seguridad Federal, Genaro García Luna y recalcó que el actual gobierno de Felipe Calderón es ilegítimo e ineficaz. Inmediatamente Javier Corral (PAN) defendió al funcionario de la SSPF, al PAN y administración de Calderón Hinojosa, argumentando que el narcotráfico y las suciedades todavía imperantes tenían su origen en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari. Un día después el propio exmandatario federal se extrañó de las declaraciones del legislador panista, apuntando que éste se le había acercado para plantearle proyectos, pidiéndole apoyo para sus causas políticas. Entre buitres te veas.

En el ámbito de la administración el secretario de Hacienda, Agustín Carstens lo mismo aseguró que la crisis financiera de EUA en 2008 iba a significar un catarrito para la economía mexicana, que meses después corregirse y afirmar que la crisis global era una pulmonía. Así dicen unas cosas por otras y nada pasa: todo al anecdotario mexicanoide y ninguna demanda de juicio por aseveraciones irresponsables. Asimismo, el presidente Calderón Hinojosa quiere imponer el impuesto del 2% al consumo generalizado, para lo cual ya está realizando lobbyng para que los legisladores panistas y priístas aprueben la iniciativa. ¿Nunca ha pasado por su mente una insurrección generalizada? Pues parece que no, porque aún con la impunidad de las concertacesiones y pugnas entre los clanes políticos, la sociedad vive en la expectativa de conservar la “línea de flotación” para medio comer, medio educarse, es decir, medio vivir…………….

Un vistazo a Guerrero

Si volteamos a ver al estado de Guerrero, Zeferino Torreblanca Galindo lo mismo negocia iniciativas con el PRD y PRI, que les pega a sus correligionarios o impone candidaturas. El mandatario guerrerense declara y calla a discreción, diciendo lo estrictamente necesario para no comprometerse a fungir como un estadista: no hay investigaciones ni resoluciones objetivas sobre los asesinatos de periodistas y legisladores. Cuando hubo la amenaza del primer brote de influenza AH1N1 sin -tapujos o remordimientos- dijo que no alcanzaba el presupuesto para gel sanitizador ni cubrebocas. Para llegar a feliz término de su sexenio negoció con las bancadas de todos los partidotes y partiditos que las próximas votaciones locales se lleven al cabo en enero de 2011 y no en 2010, como establece la jurisprudencia en otras entidades federativas del país. Y el descaro a todo lo que da: anda por todo el estado, México, el sur de EUA y Centroamérica en un helicóptero nuevo, cuyo costo supera los 5 millones de dólares, que fue adquirido como ambulancia aérea para las zonas marginadas de Guerrero. Lo único cierto es que hay un gobernador de angora, que quiere recibir el lujo y la lisonja. Qué más podemos pedir a un tecnócrata, ambivalente e insensible, que observa al estado como feudo prestado al priismo que lo llevó a Casa Guerrero y que considera que al miserable pueblo no le importa otra mancha más de impunidad en el ocelote sureño. El presumible remanso que le espera será ocupar una curul a mediano plazo, negociando con el PAN, PRI y hasta en el mismo partido que tanto le ha soportado: PRD. Así también le queda el posible consuelo de un puesto en la administración central, o bien, disfrutar de lo ganado en 9 años de Poder. Qué decepción para cientos de miles de compatriotas que votaron por él en 2005. Para ellos y para todos mis condolencias. No más. B.H.G.

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lunes 28 de septiembre de 2009

GOLPES BAJOS EN LA POLÍTICA MEXICANA


GOLPES BAJOS EN LA POLÍTICA MEXICANA
Escaramuzas en los gabinetes de gobierno: a nivel nacional y el estado de Guerrero.
Por Baltasar Hernández Gómez


En lo general

Cuando las ansias de Poder se apoderan de las mujeres y hombres que creen tener virtudes suficientes para vivir de y por la política no hay razón, antídoto psicológico o medicamento para contrarrestar el enorme impulso de “venderse” a la opinión pública como personas que poseen las habilidades necesarias para alcanzar el bien colectivo. En la lucha por obtener la nominación partidista y lo que se experimenta en la jornada electoral, los políticos empiezan a asumir que podrán ejercer la voluntad popular como un apostolado donde no existen imposibles, sino sólo retos a vencer, porque todo lo pueden. Con el influjo del marketing van adoptando un perfil de redentores de causas nacionales o regionales; de trabajadores incansables que guerrean por las mayorías organizadas y “los sin voz”; de promotores y operadores de acciones para la erradicación de los males sociales y económicos que aquejan al país.

Si la maquinaria partidista, propaganda proselitista y las decenas de hilos ocultos que mueven el serendipity político los favorecen, sufren una primera metamorfosis: la larva que presumiblemente se convertirá en mariposa libertadora, pasa a ser un animal ávido de aullido protagónico, capaz de desenvolverse en la estepa de los acomodos, concertacesiones y pugnas cortesanas, para ir asegurando una estadía más o menos perdurable en la esfera del Poder. Siendo candidatos se ufanan en demostrar que son los verdaderos salvadores de la Nación (una y otra vez remasterizan la utopía de que todo ha estado mal, pero con ellos mejorará la situación), sin embargo, cuando reciben el ungimiento como legisladores y/o gobernantes poco a poco se apodera de ellos la imposibilidad del cambio, tal y como vinieron recalcando durante la aventura de pedir el voto ciudadano.

En este momento el discurso y la actuación comienzan a permutarse en gatopardismo, es decir, la dinámica de “cambiar, para que todo siga igual”, dejando de manifiesto que la realidad está regida por valores, principios y procedimientos del paradigma llamado democracia. Este régimen que para Alexis de Tocqueville es “una tiranía de las mayorías”, pero comandada por una minoría. Dicha manera de preservar la dominación política se alcanza con la constitución de vías legales, verticales, selectivas y no participativas, la cual está incrustada en la mayoría de los Estados modernos. Dicho formato de actuación política hace que predominen contubernios, amarres, intereses y atrocidades de la clase dominante, que no toma en cuenta a las clases populares.

Aunque quiera negarse, la democracia occidentalizada y en específico la mexicana es un conjunto normativo para la preservación del establishment de dominación política y económica de las élitesºº sobre las masas desposeídas, que sólo tienen para sí el sufragio personal, que legaliza y da aval a los proyectos “de arriba” cuando así lo solicita el Estado -casi de manera obligatoria por la supraestructura ideológica, que hace sentir que el voto es un compromiso cargado de un sentimiento patriótico de vida o muerte- a través de los organismos encargados de organizar, vigilar y sancionar los procesos electorales. Los políticos y gobernantes ya instalados en los Poderes Legislativo o Ejecutivo despliegan la argumentación de que sus tareas tienen una envergadura titánica, pues quieren hacer creer que en el medio ambiente hay monstruos que siempre van a impedir cualquier tipo de transformaciones.
Desde su llegada a un puesto de Poder todo se vuelve un desafío (dificultades para obtener y cuidar recursos; incapacidad para consensuar pactos; impedimento para controlar disputas sociales; recurrencia a las luchas intestinas con homólogos, al más puro estilo de las intrigas monárquicas del siglo XVII y XVIII, etc.).
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NOTA:
ºº
Roderic Ai Camp establece que la composición de las élites responde a una lógica de hegemonía en las estructuras partidistas, administración pública, instituciones formativas y de índole normativas. Responden a intereses bien definidos por sus afinidades educativas ideológicas y su visión separada de la sociedad.
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El caso mexicano

Como botón muestra diré que los mensajes emitidos por legisladores y gobernantes en México, (preocupados por atesorar aspiraciones políticas y de salvaguarda económico-patrimonial) tratan de poner en el intangible social un panorama lleno de vaivenes globalizadores, pugnas generadas al seno de los intereses partidistas y de enemigos que impiden la marcha del desarrollo, tal y como ellos mismos lo prometieron. A partir de este razonamiento repleto de negatividad (no son ellos culpables de las condiciones imperantes, sino “los otros” que desean establecer metas individualistas o de grupo) hay una retahíla de quejas: el trabajo es excesivo y no hay tiempo para cumplir con todo lo prometido; no puede hacerse nada sin el concurso decidido de la sociedad civil; hay un sinfín de zancadillas partidistas, sindicatos, líderes, legisladores de oposición y los miembros del gabinete; golpes bajos para quitar puestos públicos; manejo tendencioso de la opinión pública; los de abajo jalan para no avanzar, y las fuerzas oscuras frenan el avance sustentable.

Esta lógica es digna de ser tomada en cuenta por guionistas de telenovelas o películas épicas, toda vez que, para esta perspectiva catastrofista, no existe mucho qué hacer para estimular un estado de cosas distinto al establecido. Luego entonces, ocurre una segunda metamorfosis: la energía inicial del zon politikon pasa a tornarse en dependencia a los azares del destino económico, avatares políticos y peleas palaciegas (alianzas, distanciamientos o rompimientos entre gobernantes, funcionarios, partidos, etc.). La historia del sistema político mexicano nos señala que desde la Revolución de 1910-1917 los proyectos de Nación se concretaron en disputas bélicas, cambios de bando y asesinatos entre generales, teniendo como escenario a los cientos de miles de seguidores. Cuando en 1929 fue inaugurada la “institucionalización” del Poder político, que quedó concentrada en el PNR (luego PRM y ahora PRI) y los aparatos gubernamentales del Estado, la pelea se centró en estar bien con el jefe, con las fuerzas militares, así como tratar de acumular apoyos para perdurar en el primer plano nacional o regional.

El exacerbado presidencialismo, que paradójicamente puso en funcionamiento el siempre bien ponderado “Tata” Lázaro Cárdenas del Río, hizo que la labor política de líderes, legisladores y gobernantes estuviera centrada en recibir el beneplácito del Ejecutivo federal: la eficiencia y eficacia administrativa, el contacto honesto con la sociedad y la realización de las aspiraciones democráticas y económicas nunca fueron el eje central de la función pública, en virtud que había que parecer bueno y congraciarse con el “todopoderoso” para seguir viviendo dentro del presupuesto. Con Carlos Salinas de Gortari el culto al portador de la banda presidencial fungió como la llave maestra para la conservación del Poder, aunque la estancia y permanencia se vio aderezada por prácticas tales como la pasarela de secretarios, reacomodos en los puestos del PRI, discursos de doble sentido y reyertas entre los “presidenciables” y sus equipos de trabajo. Esta manera de hacer política ha sido tan efectiva que cualquier corte de la Francia absolutista hubiera estado asombrada por tanta disputa, zalamería y golpes bajos sin llegar al desbocamiento social.

En la actualidad, las declaraciones emitidas por el presidente Felipe Calderón Hinojosa, en su tour para desglosar su tercer informe de gobierno, admiten cansancio, readecuaciones sustantivas en el plan primigenio de gobierno, reconocimiento de equívocos en su gabinete, incertidumbre para encontrar salidas ante los embates de la crisis mundial y la aceptación -sin decirlo- de que el narco sigue prevaleciendo, no obstante los cientos de operativos militares y policiacos. El “continuador del cambio” y “mandatario del empleo” argumenta factores externos, errores de los hombres que lo acompañan y una falta de compromiso profundo de la sociedad, tratando de justificar ineficacias administrativas y de operación política. Si bien es cierto que las pugnas en las dependencias federales tienen su origen en la urgencia de alejarse de los reflectores de los mass media, o sea, no llamar la atención por errores detectables por la opinión pública.

El crecimiento del PRI, los estragos de la crisis, carencia de planes sociales y económicos y los objetivos neopanistas están revitalizando la táctica de golpeteo por debajo de la mesa. Es evidente la lucha soterrada por el control de la seguridad pública en la Sedena, PGR y SSP; la búsqueda del control financiero por parte de SHCP, secretaría de Economía y Banxico, así como la intención de copar con blanquiazules todas y cada una de las dependencias federales, estatales y delegaciones.

El estado de Guerrero

Guerrero ocupa un sitio en la marquesina nacional, ya que el gobernador Zeferino Torreblanca Galindo no ha tenido la habilidad de procurar programas que lo diferencien de sus antecesores priístas, que tanto se ufanó en criticar, asegurando que él concretaría un estilo nuevo de hacer política. En medio de una percepción que lo coloca como beneficiario de una “transición aterciopelada” en 2005, donde presumiblemente su predecesor René Juárez Cisneros maniobró para que le quedara la gubernatura (independientemente del voto de la sociedad civil que creyó en su gestión mercadológica durante su presidencia en Acapulco, hubo una activación del voto corporativo de priístas inconformes, la no operación en sitios claves del estado y la dividida y pobre elección de candidatos del PRI). La impericia para relacionarse con los grupos políticos, el despotismo al hablar con los medios de comunicación que no les son favorables, la nula proyección de acciones sensibles, además de escoger como colaboradores a amigos de la juventud, familiares y personajes de grupos que lo apuntalaron en su campaña; han conformado un panorama desolador para la gran mayoría de guerrerenses.

Hay una estrategia para que todos vivan sometidos al monarca sin cetro, al hombre que basa su política en los preceptos de contaduría y administración, que habla parcamente y que rehúye a la sociedad. Sus subalternos son guiñoles que no hacen ni dicen nada sin su consentimiento. Al interior de las dependencias hay un nudo de altercados, puñaladas traperas, manejo de partidas federales y estatales, y un ir y venir de cambios en los niveles medio y superior, para acomodar a gente leal, que pueda posibilitar un feliz término sexenal. La renuncia del médico Luis Barrera Ríos a la secretaría de Salud comprueba que el gobierno sureño está integrado por tecnicistas que se sienten políticos, que no sólo provienen del Grupo ACA, sino también de las diversas corrientes políticas y grupos de Poder en la región, que andan peleándose cargos, prerrogativas y contratos, pero sobre todo los favores del mandatario en turno que, a los ojos de muchos sectores sociales, aparece como yuppie soberbio, que no acepta críticas ni errores, pero sí por el contrario sostiene obstinadamente su modo de ser como dogma para ser cumplido hasta sus últimas consecuencias “pésele a quien le pese”.

La élite zeferinista se ha apropiado de los espacios de mayor Poder en el estado, logrando así conformar feudos bajo el mando de las familias Torreblanca, Bajos Valverde, Pasta, Muñúzuri, Zuzuarregui, entre otras, que administran cuotas laborales, presupuestos, favores personales y contratos/concesiones. Con la salida de Barrera Ríos se descubre que “el gobierno del cambio” (al igual que los de Fox Quesada y Calderón Hinojosa) está inmerso en una lucha cortesana para reacomodar a los amigos incondicionales que cumplieron con tareas de corto plazo, tales como Fernando Donoso Pérez, Rubén Padilla Fierro y Gloria María Sierra López, por citar sólo algunos.

Y es que el “relevo” en Salud estatal no se da porque haya habido incontables decesos por dengue o gripa porcina o por alguna incompetencia imperdonable. El cambio forzado, disfrazado de renuncia voluntaria, tiene que ver con la redistribución de millonarias sumas de dinero en salarios, compra de material clínico, medicinas, publicidad, contrataciones, compra y mantenimiento de equipo, unidades de transporte y brigadas, por parte de operadores del primer círculo de Torreblanca Galindo, que ven en la segunda dependencia más importante de la entidad en términos presupuestales (sólo atrás de la SEG) un coto de Poder en la recta final del sexenio.

El personal incrustado en las oficinas que controlan los recursos materiales, financieros, técnicos y humanos de dicha dependencia responde a la táctica de aseguramiento de los clanes zeferinistas, la cual produce una carambola de tres bandas a favor de Rubén Padilla Fierro, quien al no obtener ningún encargo digno a su sobreestimación como profesionista y político empírico adherido al proyecto echado a andar hace 15 años por el actual gobernador, después de haber ocupado una regiduría en Acapulco (2002-2005), ahora ansía retirarse a la vida privada siendo un adulto mayor con currículum que estipule la etiqueta de haber ocupado una secretaría de estado y con una cuenta monetaria más abultada.

La renuncia de Barrera Ríos pone al descubierto que no es únicamente el sonsonete discursivo de un mandatario insensible que tiene al estado en vilo, sino los rumores provocados, la inseguridad que raya en el terror, la discontinuidad de los programas sociales, la poca ocupación para resolver los asuntos importantes en las siete regiones y las luchas internas por allegarse más espacios de poder político y económico. La evaluación de las mujeres y hombres del gabinete zeferinista no está fundada en la medición de resultados, sino en la intransigencia del Ejecutivo por sostener -a como dé lugar- a quienes considera leales.

Lo que se ve no se juzga: en seguridad pública más sueldo y “capacitación” a policías, pero no más tranquilidad social; en educación nada de calidad, pero sí amasiato con el SNTE; en finanzas casi nada para disminuir la deuda heredada de la administración anterior, pero sí la compra millonaria de un enorme predio, ubicado en la avenida Costera Miguel Alemán de Acapulco, para construir oficinas; en modernización administrativa gestiones más rápidas en algunos trámites (que de por sí es una constante en los gobiernos que se suman a la ola de modernidad), pero acompañados del acoso recurrente de inspectores y lentitud en autorizaciones………………… Y todavía faltan 19 meses más de gobierno Z. B.H.G.

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lunes 21 de septiembre de 2009

OJOS QUE PERCIBEN REALIDADES OCULTAS


OJOS QUE PERCIBEN REALIDADES OCULTAS
Por Baltasar Hernández Gómez


A simple vista los 5 sentidos del Hombre permiten tener una percepción integral sobre la realidad de las cosas, sin embargo, este principio físico-químico-electromagnético en el que está fundada la forma en que los humanos reconocen al universo sólo se queda en la periferia, pues ha habido la imposición de un modelo para concebir el cosmos desde una posición de sometimiento a intereses dominantes. Esta forma de sentir el mundo fue determinada por los detentadores del Poder (políticos, gobernantes, instituciones de autoridad, publicistas, mercadólogos, etc.), para envolver a los individuos en un espacio de cosificación , a efecto de instaurar un aletargamiento perpetuo, tratando de disminuir movimientos bruscos que pueden -en determinado momento- fracturar la estabilidad de producción y reproducción del modo de vida capitalista.

Por azares de la existencia mundana, trayectoria académica, contacto con cofradías o por la enorme voluntad de despertar un estado alterado, algunas personas adquieren “sentidos perceptivos distintos” para apreciar los fenómenos naturales y sociales. En este sentido, el cerebro empieza a escudriñar al mundo con un rasero diferente y esto abre nuevas posibilidades de entendimiento, análisis y transformación. La gente que percibe realidades ocultas vive un despertar de conceptos, sentimientos y vivencias, los cuales se asumen como un cúmulo de perspicacias que no están sometidas a las estructuras pre-fabricadas por el status quo.

Para quienes tienen la fortuna, voluntad y/o disciplina de poseer/entrenar sus percepciones, sobrepasando el perfil “de lo ya dado”, las imágenes no son más en blanco y negro; las palabras contienen significados más profundos; los textos se presentan permeados de entrelíneas; la conducta no es un simple ir y venir de pláticas inconclusas o intrascendentes, sino un compromiso con uno mismo y los demás. No obstante de los beneficios que puede traer esta capacidad, muchas veces se convierte en una especie de maldición, porque sólo ellos y algunos otros pueden visualizar más allá de lo que presumiblemente se admite como válido.

Estos ojos que perciben realidades ocultas pasan a un confinamiento, a ser catalogados como ácidos, antisociales, críticos sistémicos, o bien, petulantes engreídos. Para muchos esta cualidad es lo mismo a tener habilidades iniciáticas y son motivo de separatismo y es por ello que permanecen en el análisis soterrado como medida precautoria para no causar escozor entre sus allegados y resquemor o fobia en los otros no tan cercanos a su círculo de relaciones. Y es que tener los 5 sentidos agudizados, que captan lo que la mayoría no puede ver ni sentir, produce una sinapsis neuronal distinta que avizora realidades que van más allá del común denominador. Mientras tanto los “otros” que no están acostumbrados a dichas visiones se llenan de soberbia, lanzando epítetos subjetivos para desprestigiar a quienes osan ver distinto, pensar más allá o levantar la voz en contra.

Lo que debiera pasar como virtud parece convertirse en un estigma porque los muchos no entienden las posturas de los pocos en el procesamiento de la realidad. La frase “la verdad os hará libres” parece desteñirse por el videns que es impuesto para percibir solamente contornos. Quienes cuentan con la capacidad de trascender los límites periféricos y diseccionar al cosmos están enfrentados con la idea de seguridad de todos, que cree entender su contexto por medio de lo establecido (lo que se transmite por parte de autoridades, familiares, escuelas mass media, iglesias, gobierno, etc.).

Si admitimos que la cosmovisión del género humano es simbólica, luego entonces los códigos inmersos en las relaciones sociales se ven reducidos a paradigmas de pensamiento y acción que han sido implantados para imponer pautas conductuales frente a “superiores, iguales e inferiores”. Así pues estamos tan acostumbrados a que si algo afirma un político, gobernante, sacerdote, comunicador, intelectual o cualquier figura de autoridad es porque tiene la razón y así se suspende cualquier tipo de ejercicio dialéctico. La gran mayoría es llevada por el túnel de la inducción, a pensar como “el todo”: hay un grado mayúsculo de entrenamiento a sentir, creer y actuar en una dirección, lo cual impide percatarse que la verdad rebasa -por mucho- las fronteras de lo señalado como auténtico en todo espacio y tiempo terrenal.

Desde infantes somos sometidos a una educación formal e informal para dar como hecho irrefutable la opinión de cualquier sujeto u organización con Poder, y es a partir de esto, que el género humano desarrolla un bagaje cognitivo reducido para enjuiciar el ambiente natural y social solamente con las herramientas valorativas de las élites. Por ejemplo, cuando el jefe de familia afirma una cosa ésta se vuelve una sentencia que tiene que acatarse por la esposa e hijos. Cuando un gobernante asegura que su gestión político-administrativa va en función del bien común esta aseveración debe ser tomada como cierta. Cuando se dice que la realidad es únicamente una derivación divina, de mala o buena fortuna, ninguna realización pertenece ya al mundo material, sino a otro al que se debe sujetar sin protestar. Nada más erróneo, pues la existencia del Hombre en sociedad no es sólo porque Magister dixit.

Actualmente la internet está ocupando un lugar privilegiado en el modo de ser y estar de millones de personas: si hay imagen, texto y una fuente (en muchas ocasiones de dudosa confiabilidad) es porque debe ser verdadero aquí y en China continental. En contrasentido, las personas que renuncian a la superficialidad y entran en un terreno más profundo no deben erigirse como entes non gratos, sino por el contrario, integrarse como sujetos sociales provocadores de pensamientos que, en el último de los casos, pueden originar posicionamientos más comprometidos con la colectividad. Quienes son analíticos, críticos, propositivos y transformadores, o sea, que perciben más allá de lo establecido, no deben ceder a la pretensión de ajustarse a los demás, pero tampoco creer que son “iniciados, cultos fuera de serie o plus ultra”.

Deben sentirse y asumirse como elementos que tienen la oportunidad de construir un mundo nuevo y no caer en la vorágine de la dominación del Estado y sus instituciones. Por tanto, desbarrancarse en el común denominador sin dar batalla es bloquear la posibilidad de descubrir que detrás del verbo, imagen, sonido y letra, que se supone incuestionable, hay un caudal de estrategias que persiguen intereses materiales de toda índole, pero que están encriptados para no ser develados, porque así se confesarían las falacias del “mundo feliz indestructible”. Hay que pretender la liberación interna y externa en todas y cada una de las realizaciones (en el trabajo, en la casa, en la escuela, en las reuniones sociales y en los hechos que se realizan en la cotidianeidad) .

Desde el profesor que se sujeta al libro de texto y no va más allá; el comunicador que dice o escribe menos de lo que ocurre; el padre que engaña a su prole teniendo doble o triple vida; el político que esconde con discursos sus verdaderas pretensiones de enriquecimiento y las miles de imágenes y palabras que se conforman para ser digeridas, pero no cuestionadas; el mundo está lleno de barbaridades que tratan de negar que el fin último de la existencia humana es la felicidad. Hay que descodificar la realidad, para abrir los ojos a una existencia superior, o sea, llenarnos de ideas, decisiones y actos, que ayuden a construir una sociedad más sensible sin explotación, injusticia ni dolor.

Es tiempo de romper con los moldes que fuerzan a pensar en el color, trazo, sonido, textura y direccionalidad de los mensajes, bajo formatos que dan como cierto el estereotipo de que la vida debe asumirse rápida y fácilmente. Aunque sea difícil admitir, los sujetos que se desarrollan en el capitalismo son instruidos para procesar información, recrear lo establecido y reproducir conocimientos y vivencias conjuntadas en ideales prefabricados. Mientras los avances en biotecnología no demuestren que con un chip insertado en el cerebro puede cambiarse la forma de pensar individual y colectiva, tenemos que incentivar un modo distinto para observar, razonar, debatir y revolucionar la realidad, a fin de evitar que prevalezca el autoritarismo, esa corriente ideológica, material y represiva que no ceja en su intención de uniformar criterios y maneras de ser y estar con uno mismo y con los demás. B.H.G.

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